¿Cómo vivían en Linares en el siglo XVI?

Cuando acabamos de estrenar un nuevo siglo y un nuevo milenio resulta curioso y sorprendente conocer las formas de vida y las costumbres cotidianas de nuestros antepasados de hace más de 500 años

Tenemos noticias fidedignas del desenvolvimiento económico de Linares en el siglo XVI, llamado así, a secas, en el siglo XV y que más tarde sería Linares de la Sierra y ya a principios del siglo XIX tomaría el apellido de Linares de Río Frío.

Durante el periodo del siglo XVI, el total de vecinos cualificados como tales, según el Vecindario estractado de las Averiguaciones de Felipe II era de 233. Estos son vecinos con familia, lo que quiere decir que el número de almas oscilaba en torno a las mil personas. La consideración de viudas era de 20,5% sobre el de los hombres y no se recogieron “menores” en el citado padrón.

Las Profesiones

Predonimaban en esta época los agricultores, en número de 65 y se recoge el dato de que 35 viudas trabajaban en el campo. Al ser un padrón que implica pechería (pago de impuestos al Estado), se citan medias viudas o viudas trabajadoras.

Sorprende una profesión muy interesante para la economía de la zona, especialmente para la de Linares como es la de arrieros de reatas, que a su vez eran trajineros. Normalmente llevaban productos de la zona como vino, cereales, lino “en abundancia” y tejidos (realizados en Linares) a la zona de Medina del Campo, donde eran vendidos en el mercado público mensual.

El número de tejedores era de 17 con sus familias incluidas, también se encontraban 7 sastres confeccionistas y varias costureras, que proporcionaban trabajo y beneficios a la personas trabajadoras de Linares.

Vida Cotidiana

La vida diaria de los habitantes de Linares pasaba por levantarse muy temprano para atender los ganados domésticos (cada familia tenía como mínimo una cabra y un cerdo). Si no poseían alguno de estos animales eran considerados pobres de solemnidad, cosa que solamente ocurría con cinco personas, que además pedían por la comarca.

Una vez atendido el ganado, realizaban el “primer alimento”, que normalmente consistía en ingerir aguardiente u otro tipo de alcohol (hemos de tener en cuenta que en Linares se mantuvo la forma de alimento romano hasta bien pasado el siglo XVIII).

El resto del día, de sol a sol, y en las temporadas en las que el tiempo lo permitía, los agricultores lo empleaban en el campo. 

La noche proporcionaba la vuelta al hogar, y una vez atendidos los ganados domésticos de vuelta del pastoreo, llegaba la cena en familia, donde la abundancia en la cantidad de comida no era lo más sobresaliente. Castañas y las grasas sobrantes de la matanza completaban esta hora alimenticia. La patata no se puso como base de la alimentación hasta bien entrado el siglo XVIII, momento de gran importancia para la economía y la vida cotidiana del municipio.

Peculiaridades más notorias de Linares en este tiempo

Quienes movían la economía eran los “Trajineros”, ya por este época conversos (judíos venidos, en general, de la zona del Levante español y alguno también de las Alpujarras granadinas). Hemos de tener en cuenta que de Linares sólo se podía salir o llegar por un camino de herradura, que más tarde lo fue carretero y que unía el pueblo con la Ruta de la Plata a la altura de Fuenterroble y desde allí se podía derivar a Salvatierra de Tormes o por la propia vía a Salamanca, camino de Medina del Campo o Alba de Tormes.
Otra prolongación de la herradura lo unía con San Miguel de Valero y la Sierra. Hacia el Oeste y aprovechando la vaguada del ramal del Alagón se podía comunicar con Escurial de la Sierra.

La vida religiosa era muy intensa, con varias celebraciones religiosas al año, tanto en la Parroquia matriz como en las distintas cinco ermitas que rodeaban la entidad de población, de las cuales solamente se mantiene la del Buen Suceso.

De esta época data el retablo eclesiástico de la Iglesia y el sagrario de la misma, contratados en Medina del Campo por los judíos trajineros, con el fin de reafirmar su conversión con la llamada “acción de méritos” ante los cristianos viejos de la localidad.

Los toques de campanas, los esquilones de mulas y las parejas de tracción de los carreteros animaban de vez en cuando la monotonía cotidiana.

Las calles eran el centro de intercomunicación de los vecinos y centros de “aguas va”, por lo que era normal el agua y los charcos durante todo el año y máxime en invierno, además del mal olor en verano.

El “engorronado” (empedrado de las calles) ya estaba, al menos en la arteria principal y hoy carretera que pasa por el centro del pueblo en el siglo XVII.

“A campana tañida” o “A pregón del alguacil”

La intercomunicación entre la población se realizaba con los toques de campana (unos siete diarios entre religiosos y civiles). Luego había toques extraordinarios como “a fuego” y “a pérdidas de personas” o “a difuntos”, también cosa muy corriente.

Los “bandos” eran pregonados por el Alguacil abacero. Podían realizarse por la llegada de algún vendedor ambulante, cualquier cuestión de abacería o simplemente por presentar la captura de alguna alimaña, especialmente lobos, jabalíes, etc.

Se leían en público bandos reales y órdenes a cumplir, como derramas o prorrateos que los hubo por razones de necesidad real o guerrera.

La plaza actual de Linares tuvo unos soportales (tenía la típica estructura de plaza cuadrada castellana) que albergaba a los comerciantes cotidianos y estaba presidida por la Casa Consistorial, de la cual no quedan más que algunas fotografías. De esta época el único edificio que se conserva es la Iglesia Parroquial.

 

Bienvenido García

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